S.O.S. SOBEIDA
O
“MAS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL”
No hay cosa más engorrosa que disponerse a opinar sobre algo, a sabiendas de que todos los demás estarán en tu contra. Sin embargo, lo confieso: “Yo amo a Sobeida”.
La amé con el dolor de su mismísima culpa cuando la vi por primera vez bellísima y muy señora subiendo y bajando los escalones del Palacio de Justicia, sostenida por miembros del orden público.
La amé con estupor y temor, cuando su jueza la soltó sin ordenar por lo menos vigilancia inmediata sobre la desprotegida o peligrosa mujer que a la hora de su arresto llevaba en su yipeta cuatro millones y medio de dólares y mantenía vínculos cercanos con un famoso narcotraficante.
La amé más tarde sorprendido en mi buena fe durante el aparataje sin precedentes de todos los organismos de poder ante el señor presidente de la república, prometiéndole encontrar a la supuesta prófuga sin encontrar luego a nadie.
Porque después que la cautivante señora de noviembre implicada en el lavado y otros líos apareciera imponente hasta desaparecer por arte de magia, ya se había convertido en una celebridad, en una caja de sorpresas, en una líder, pues en cada momento de sus fugaces apariciones, había hecho exactamente lo que tenía que hacer dentro de su línea, por supuesto; habló cuando necesitó hablar y calló cuando necesitó callar para desaparecer luego en el momento propicio, ni antes ni después.
Desde su primera aparición a través de los medios, la bella Sobeida cautivó a un auditorio masculino de tal manera que muchos suspiraron por la atractiva mujer que acaparaba la atención del país; estremeciendo de golpe y por motivos diferentes el adormecido asombro nacional: “Una Doña en el narco, ya si llegamos adonde íbamos”, o simplemente: “¡Qué cara tiene Sobeida!, qué cuerpo tiene Sobeida, qué piernas tiene Sobeida, ojalá no se le ocurra hacerse una operación con el médico loco que está ahora aquí de moda, porque ahí se dañaría el invento!”.
Se ha dicho que después de la imaginaria fuga de Sobeida, un comunicador había criticado al director de El Nacional, alegando que éste había perdido el equilibrio necesario con el personaje Sobeida, o algo por el estilo. Yo no lo creo, conozco de sobra la honestidad y objetividad del excelente periodista. Pero en el caso hipotético de que así haya sido, que no lo es, el director criticado y yo estaríamos en total desacuerdo, porque en tal caso él estaría desbalanceado con el personaje Sobeida. ¡Yo no! ¡Yo estoy enamorado de Sobeida!
Se ha dicho que a Sobeida la secuestraron y la escondieon. De haber ocurrido eso la mujer-noticia sería hoy el secreto mejor guardado, porque ¿dónde podrían ocultarla que los organismos de poder en este país no tuvieron acceso? Se ha dicho también que “los grandes” la escoltaron hasta otro país, como antes lo habían hecho con el señor Agosto y muchísimo antes con el señor Mazurca. Y ha dicho además, que a Sobeida la asesinaron. No creo que quienes hayan tenido la facilidad para secuestrarla, les haya convenido después asesinarla.
Pero si analizáramos hasta por arribita cualquiera de estas variables no sería muy difícil imaginar que después de la captura del mujerón que apareció por los medios para volver loco a todo el mundo y después se volvió invisible para volvernos todavía más locos, todo lo demás parecería más bien un invento, una sinvergüencería por acciones a la que nos tienen acostumbrados. Y me daría mucha pena, no sólo por la forma de cómo se estarían manejando las cosas y los casos aquí, sino porque ya no volvería a ver en la televisión otros videos de la inteligente y serena señora de noviembre, y de Agosto, o de etcétera.
De todos modos, de esta crónica de una fuga anunciada, nos queda algo para recordar en este bello y caluroso mes de diciembre. Y es que, en el mes que antecede al nacimiento del Hijo el Hombre, una señora madre implicada en negocios ilícitos nos hiciera sentir en un instante un poco más allá del bien y del mal. Y en un momento de ofuscación necesaria una mujer supuestamente mala haya sido apreciada por muchos hombres supuestamente buenos. ¡Ah el amor que tiene vainas! O recursos, peor dicho, simplemente recursos.
¡Qué Dios los bendiga a todos en estas navidades, y en especial a Wilton Guerrero, digno representante hoy de la decencia nacional!
Postdata: No se lleven de todo lo que les he dicho hoy, podría ser muy peligroso para ustedes mañana. ¡Ah, se me olvidaba!: No se lo digan a Agosto, por favor. ¡Pero yo amo a Sobeida!
¡
O
“MAS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL”
No hay cosa más engorrosa que disponerse a opinar sobre algo, a sabiendas de que todos los demás estarán en tu contra. Sin embargo, lo confieso: “Yo amo a Sobeida”.
La amé con el dolor de su mismísima culpa cuando la vi por primera vez bellísima y muy señora subiendo y bajando los escalones del Palacio de Justicia, sostenida por miembros del orden público.
La amé con estupor y temor, cuando su jueza la soltó sin ordenar por lo menos vigilancia inmediata sobre la desprotegida o peligrosa mujer que a la hora de su arresto llevaba en su yipeta cuatro millones y medio de dólares y mantenía vínculos cercanos con un famoso narcotraficante.
La amé más tarde sorprendido en mi buena fe durante el aparataje sin precedentes de todos los organismos de poder ante el señor presidente de la república, prometiéndole encontrar a la supuesta prófuga sin encontrar luego a nadie.
Porque después que la cautivante señora de noviembre implicada en el lavado y otros líos apareciera imponente hasta desaparecer por arte de magia, ya se había convertido en una celebridad, en una caja de sorpresas, en una líder, pues en cada momento de sus fugaces apariciones, había hecho exactamente lo que tenía que hacer dentro de su línea, por supuesto; habló cuando necesitó hablar y calló cuando necesitó callar para desaparecer luego en el momento propicio, ni antes ni después.
Desde su primera aparición a través de los medios, la bella Sobeida cautivó a un auditorio masculino de tal manera que muchos suspiraron por la atractiva mujer que acaparaba la atención del país; estremeciendo de golpe y por motivos diferentes el adormecido asombro nacional: “Una Doña en el narco, ya si llegamos adonde íbamos”, o simplemente: “¡Qué cara tiene Sobeida!, qué cuerpo tiene Sobeida, qué piernas tiene Sobeida, ojalá no se le ocurra hacerse una operación con el médico loco que está ahora aquí de moda, porque ahí se dañaría el invento!”.
Se ha dicho que después de la imaginaria fuga de Sobeida, un comunicador había criticado al director de El Nacional, alegando que éste había perdido el equilibrio necesario con el personaje Sobeida, o algo por el estilo. Yo no lo creo, conozco de sobra la honestidad y objetividad del excelente periodista. Pero en el caso hipotético de que así haya sido, que no lo es, el director criticado y yo estaríamos en total desacuerdo, porque en tal caso él estaría desbalanceado con el personaje Sobeida. ¡Yo no! ¡Yo estoy enamorado de Sobeida!
Se ha dicho que a Sobeida la secuestraron y la escondieon. De haber ocurrido eso la mujer-noticia sería hoy el secreto mejor guardado, porque ¿dónde podrían ocultarla que los organismos de poder en este país no tuvieron acceso? Se ha dicho también que “los grandes” la escoltaron hasta otro país, como antes lo habían hecho con el señor Agosto y muchísimo antes con el señor Mazurca. Y ha dicho además, que a Sobeida la asesinaron. No creo que quienes hayan tenido la facilidad para secuestrarla, les haya convenido después asesinarla.
Pero si analizáramos hasta por arribita cualquiera de estas variables no sería muy difícil imaginar que después de la captura del mujerón que apareció por los medios para volver loco a todo el mundo y después se volvió invisible para volvernos todavía más locos, todo lo demás parecería más bien un invento, una sinvergüencería por acciones a la que nos tienen acostumbrados. Y me daría mucha pena, no sólo por la forma de cómo se estarían manejando las cosas y los casos aquí, sino porque ya no volvería a ver en la televisión otros videos de la inteligente y serena señora de noviembre, y de Agosto, o de etcétera.
De todos modos, de esta crónica de una fuga anunciada, nos queda algo para recordar en este bello y caluroso mes de diciembre. Y es que, en el mes que antecede al nacimiento del Hijo el Hombre, una señora madre implicada en negocios ilícitos nos hiciera sentir en un instante un poco más allá del bien y del mal. Y en un momento de ofuscación necesaria una mujer supuestamente mala haya sido apreciada por muchos hombres supuestamente buenos. ¡Ah el amor que tiene vainas! O recursos, peor dicho, simplemente recursos.
¡Qué Dios los bendiga a todos en estas navidades, y en especial a Wilton Guerrero, digno representante hoy de la decencia nacional!
Postdata: No se lleven de todo lo que les he dicho hoy, podría ser muy peligroso para ustedes mañana. ¡Ah, se me olvidaba!: No se lo digan a Agosto, por favor. ¡Pero yo amo a Sobeida!
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1 comentario:
Excelente artículo
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