lunes, 28 de diciembre de 2009

S.O.S. SOBEIDA

S.O.S. SOBEIDA
O
“MAS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL”

No hay cosa más engorrosa que disponerse a opinar sobre algo, a sabiendas de que todos los demás estarán en tu contra. Sin embargo, lo confieso: “Yo amo a Sobeida”.

La amé con el dolor de su mismísima culpa cuando la vi por primera vez bellísima y muy señora subiendo y bajando los escalones del Palacio de Justicia, sostenida por miembros del orden público.

La amé con estupor y temor, cuando su jueza la soltó sin ordenar por lo menos vigilancia inmediata sobre la desprotegida o peligrosa mujer que a la hora de su arresto llevaba en su yipeta cuatro millones y medio de dólares y mantenía vínculos cercanos con un famoso narcotraficante.

La amé más tarde sorprendido en mi buena fe durante el aparataje sin precedentes de todos los organismos de poder ante el señor presidente de la república, prometiéndole encontrar a la supuesta prófuga sin encontrar luego a nadie.

Porque después que la cautivante señora de noviembre implicada en el lavado y otros líos apareciera imponente hasta desaparecer por arte de magia, ya se había convertido en una celebridad, en una caja de sorpresas, en una líder, pues en cada momento de sus fugaces apariciones, había hecho exactamente lo que tenía que hacer dentro de su línea, por supuesto; habló cuando necesitó hablar y calló cuando necesitó callar para desaparecer luego en el momento propicio, ni antes ni después.

Desde su primera aparición a través de los medios, la bella Sobeida cautivó a un auditorio masculino de tal manera que muchos suspiraron por la atractiva mujer que acaparaba la atención del país; estremeciendo de golpe y por motivos diferentes el adormecido asombro nacional: “Una Doña en el narco, ya si llegamos adonde íbamos”, o simplemente: “¡Qué cara tiene Sobeida!, qué cuerpo tiene Sobeida, qué piernas tiene Sobeida, ojalá no se le ocurra hacerse una operación con el médico loco que está ahora aquí de moda, porque ahí se dañaría el invento!”.

Se ha dicho que después de la imaginaria fuga de Sobeida, un comunicador había criticado al director de El Nacional, alegando que éste había perdido el equilibrio necesario con el personaje Sobeida, o algo por el estilo. Yo no lo creo, conozco de sobra la honestidad y objetividad del excelente periodista. Pero en el caso hipotético de que así haya sido, que no lo es, el director criticado y yo estaríamos en total desacuerdo, porque en tal caso él estaría desbalanceado con el personaje Sobeida. ¡Yo no! ¡Yo estoy enamorado de Sobeida!

Se ha dicho que a Sobeida la secuestraron y la escondieon. De haber ocurrido eso la mujer-noticia sería hoy el secreto mejor guardado, porque ¿dónde podrían ocultarla que los organismos de poder en este país no tuvieron acceso? Se ha dicho también que “los grandes” la escoltaron hasta otro país, como antes lo habían hecho con el señor Agosto y muchísimo antes con el señor Mazurca. Y ha dicho además, que a Sobeida la asesinaron. No creo que quienes hayan tenido la facilidad para secuestrarla, les haya convenido después asesinarla.

Pero si analizáramos hasta por arribita cualquiera de estas variables no sería muy difícil imaginar que después de la captura del mujerón que apareció por los medios para volver loco a todo el mundo y después se volvió invisible para volvernos todavía más locos, todo lo demás parecería más bien un invento, una sinvergüencería por acciones a la que nos tienen acostumbrados. Y me daría mucha pena, no sólo por la forma de cómo se estarían manejando las cosas y los casos aquí, sino porque ya no volvería a ver en la televisión otros videos de la inteligente y serena señora de noviembre, y de Agosto, o de etcétera.

De todos modos, de esta crónica de una fuga anunciada, nos queda algo para recordar en este bello y caluroso mes de diciembre. Y es que, en el mes que antecede al nacimiento del Hijo el Hombre, una señora madre implicada en negocios ilícitos nos hiciera sentir en un instante un poco más allá del bien y del mal. Y en un momento de ofuscación necesaria una mujer supuestamente mala haya sido apreciada por muchos hombres supuestamente buenos. ¡Ah el amor que tiene vainas! O recursos, peor dicho, simplemente recursos.

¡Qué Dios los bendiga a todos en estas navidades, y en especial a Wilton Guerrero, digno representante hoy de la decencia nacional!

Postdata: No se lleven de todo lo que les he dicho hoy, podría ser muy peligroso para ustedes mañana. ¡Ah, se me olvidaba!: No se lo digan a Agosto, por favor. ¡Pero yo amo a Sobeida!




¡

lunes, 15 de junio de 2009

Baseball

miércoles, 27 de agosto de 2008

El Poder de la Creación

Crear es descubrir lo que no se conoce. Es parecerse a un niño y no parecerse. Un niño al mirar hacia fuera para hacerse hombre va descubriendo todo lo que ve. Un creador al mirar hacia dentro para volverse niño, va descubriendo todo lo que no se ve.
Entre aquél que pretenda crear y la creación hay un muro imperceptible. El supuesto creador debe salvar ese muro como el hombre que ama, nunca como el cazador que mata, porque el creador va en busca de lo que ansía conocer, no de lo que necesita destruir.
El cauteloso primer paso de un creador es no dar alguno. Porque el estado en que suele hallarse antes de que el fuego de la creación lo abrace, es el de inseguridad. Con esto no pretendemos hacer de la inseguridad una norma creativa. Lo que afirmamos es que al tratar de descubrir lo que no conocemos, la incertidumbre inicial viene siendo de hecho una condición.
Un creador previo a su trabajo sabe que debe crear, aunque ignore cómo. Y lo ignora por encontrarse en el momento justo del desconcierto, de la inseguridad manifiesta, aunque también en el instante casi sagrado de la creación.
Sin embargo, suele ocurrir que quien realice –o ejecute- una obra, no sea necesariamente un creador y por ligereza o plagio en sus trabajos anteponga el recordar al descubrir, el resultado a los procesos. Llegar a la meta sin haber transitado el justo sendero que lo lleve a ella carece de valor, porque ningún resultado es ajeno a su propio proceso.
En un proyecto creativo lo más importante no es conocer para recordar ni recordar para repetir, sino desconocer para descubrir. Porque eso es precisamente la creación, ignorar, buscar, encontrar, trascender la oscuriddad hasta alcanzar la luz.
El creador y la creación se asemejan al tallador aquel que con un trozo de madera y un cuchillo da por terminado tres caballos artísticamente asombrosos. Y al preguntarle alguien cómo lograba hacerlos, sólo dice: “Yo nada hago, sólo quito de esta madera lo que está demás, mis caballos están ahí adentro”.

Rubén Echavarría
http://rubenechavarria.blogspot.com/

viernes, 1 de agosto de 2008

El peor de los pecados

Ser independiente es asumir la más seria de las posiciones, pero la más difícil. Es no tener grupos que lo respalden, es no tener alguien en la hora mala, es vivir prácticamente en la cuerda floja, a favor de todos y a favor de nadie, en contra de todos y en contra de nadie.
Al hombre independiente lo quieren hoy y no lo quieren mañana, de acuerdo a que se coincida o no con su posición en un determinado momento.
No lo pueden querer siempre porque no pertenece a alguien. Y no pertenecer en sociedades donde el arribismo y la sumisión a los poderes, sean cuales fueren, es cultura, la independencia es el peor de los pecados y se hace difícil o efímera.
Porque al no estar atado a alguien el hombre independiente se expresa libremente y sin proponérselo afecta intereses.
Muchos quisieran ser independientes, expresar lo que piensan, pero no se atreven, porque no es fácil. Al hacerlo se pierde o se gana. Se trata de una alternativa y siempre son problemáticas las alternativas.
Casi todos queremos la dependencia del otro según nos convenga y en un país donde la dependencia es una condición, la independencia es casi un suicidio.
El hombre independiente se encuentra solo, aunque no atado.
En cierto modo es libre, y ser libre es un lujo que siempre se paga caro.
O como diría un anuncio por ahí: ¡Es cosa de hombres!


Rubén Echavarría
http://rubenechavarria.blogspot.com/

A Marco, Hoy y Siempre

Hace quinientos años, mi hijo, que sólo tenía cuatro y ahora tiene dos mil (porque los muchachos de hoy crecen más rápido que el tiempo), me dijo: “¡Papi, si todos los hombres fueran amigos!”.
El buen deseo de Marco a su edad me llegó hasta el alma, lo confieso. Aún no había escrito yo, en Sábado Verde, el “quítenle los intereses a los hombres y los hombres coincidirán”. Quizás por eso, al recordar aquel deseo de mi hijo, me pareció escuchar con extrañeza la respuesta en mi pensamiento, pero ahora como si fuera la de otro: “Tal vez algún día, Marco, tal vez”.
Un presente político nacional de propuestas unitarias y enormes discrepancias, me trajo a la memoria aquella Europa de países en pugnas permanentes, ya por el bien común unificada.
“¡Pero eran otros pueblos, otra historia, otra gente!”, creí escuchar. “¡No se trata de pueblos diferentes, se trata de buena fe política en algunos acuerdos!”. “En política no hay buena fe sino intereses, y aquí los intereses suelen ser personales!”. “¡Por eso, lo que bueno comienza casi nunca termina!”.
Aquí comenzó una vez la democracia, le dieron un balazo por la espalda y ahí terminó su historia. Aquí comenzó una vez un abril de película prohibida, intervino del norte la manada y el abril quedó atrás, y el mayo, el junio y julio como siempre, dando paso a las drogas inducidas, al vicio tolerado, a la ignorancia.
Porque lo bueno aquí, lo bueno y verdadero en un amplio sentido, es aquello que tácitamente está prohibido, lo que siempre termina. “¡Y eso es punto final!”, adujo uno. “¡Y eso es punto y seguido”! adujo otro.
De todos modos, con propuesta unitaria o rechazo de plano a la propuesta, aquellos que han buscado y rebuscado la verdad en sus vidas anhelan ya algo más que una utopía, anhelan un milagro, pero uno de verdad, no de mentira. Un milagro para que algún día, algún año, o algún siglo, nos hagamos merecedores de nosotros mismos.
Merecedores de mirar a los ojos a un niño inocente que impelido por la pureza de su corazón nos recuerde, con todo el gran amor y el gran dolor del mundo, palabras de mañana, y de hoy, y de siempre.
¡Si todos los hombres fueran amigos!


Rubén Echavarría
http://rubenechavarria.blogspot.com/

sábado, 19 de julio de 2008

¿Abuelo, tu eres un niño?

Me preguntó mi nieto Diego al cumplir seis años. Pero al instante, dijo: ¿Y por qué tú tienes los cabellos blancos?
Recordé a Borges en “El otro”, y callé. ¿Qué cuántos años tienes, abuelo? ¡Doscientos!, mentí, citando luego a Borges en voz alta: “Para un niño, un hombre de edad no es sólo un viejo, es casi un muerto”.
Diego me miró con pena y al sentirlo triste, le dije sin recurrir ya al famoso escritor. No es mucho el tiempo que te llevo, Diego, porque, en cierto modo, yo no te veo como puedes tú verme, (yo abuelo y tú nieto), te veo y te hablo como si fuera de tu edad, de tu tamaño. Por eso, quizás, simpatizo con personas pequeñas, pero como tú. Y por eso, tal vez, tú simpatices, con personas grandes, pero como yo. Una vez Diego, yo escribí, y lo escribí ya adulto, que si la gente grande no existiera los niños siempre serían niños, aunque fueran grandes. Por eso, y porque en verdad el mundo contamina, me ufano a veces por ser niño, siendo adulto. Pero escúchame, Diego, no pienses tú, mañana, en lo que te decía tu abuelo ayer; piensa en como te sentías cuando en ocasiones hablaban o jugaban, porque en aquellos momentos, tu abuelo era más que el tiempo de un reloj en gente grande, más que la edad que percibían tus ojos, era más o menos un niño. Y eran esos fugaces espacios de la vida en donde yo (tu abuelo), y tú (mi nieto), se querían sin quererlo, o más bien, se querían sin saberlo. Y eran ambos distintos y eran ambos iguales.
Te hablo hoy, Diego, para que sepas, no para que comprendas, porque tu abuelo tiene su cabeza blanca y es apenas un niño. Y para que comprendas, no para que lo sepas, porque no tienes tú un solo pelo blanco en tus cabellos de niño grande, Diego, de niño grande.
¡Todo eso está muy bien abuelo!, dijo ahora mi nieto. ¡Pero, dime, y ya no le des vuelta a mi pregunta!: ¿Cuántos años, por fin, es que tú tienes?


Rubén Echavarría
http://rubenechavarria.blogspot.com/